¡Hola a tod@s!
No sé cuántos, ni mucho menos QUIÉNES aún sigan por aquí. Sé que es mi culpa, que si ya no están los mismos ha sido por mi ausencia, la cual se debe a varios factores que no voy a decir del todo (porque pueden antojarse como pretextos), pero hoy quiero escribir, por ustedes… y por mí.
Parece que no fue hace mucho cuando les hablaba del proceso de pérdida de peso y de “cómo lograrlo sin morir en el intento”. Muchas cosas han pasado desde entonces y también muchas personas se sumaron a las acciones que en aquel momento describí como responsables del éxito que con tantas esperanzas buscaba. Después de todo ese tiempo, me alegra mucho decir que ya no soy -por mucho- la única ni la más exitosa porque son varios los que ya han alcanzado sus metas en este sentido… mayor alegría no podían darme.
Sin embargo, hoy quiero hablarles de algo más, que aunque parezca que no del todo, sí está relacionado con la pérdida de peso.
Cada persona es diferente: Su cuerpo es diferente, sus necesidades, su situación social… su vida es diferente y por eso hoy quiero hablar precisamente de esas diferencias que hacen que las cosas marchen de manera distinta para cada quien.
Sería muy largo contarles todo lo que ha pasado en mi vida en estos meses de ausencia, ¿el peso? afortunadamente los kilos no volvieron (a mi cuerpo) y me he mantenido de la mejor manera posible. Las fluctuaciones no han sido nada de importancia porque vuelvo a mi estado físico actual (uno bastante aceptable por lo visto), y sin embargo, quiero hablarles de lo que MÁS TRABAJO me ha costado, de la parte de mi cuerpo que aún no pierde esos “kilos de más”.
Aquí puedes ver diferentes tipos de cuerpo y seguramente te identificarás con alguno de ellos:
Para algunos, la mayor parte del peso se encuentra en la cintura, para otros el problema es el abdomen -llamado “pancita” con resignado cariño- y para otros tantos más son las piernas o los brazos. Habrá quienes vean los cachetes o la cadera como la zona “que más trabajo les cuesta moldear”, en fin… tantos casos como personas habemos en este mundo.
Pero a mí queridos lectores, a mí ninguna de estas partes se me complicó tanto en comparación con UNA que, aún con los 40 kilos perdidos, me avergüenza confesar que sigue GORDA, incluso más que antes de emprender esta jornada de recuperación de la salud física. No puedo mostrarles una foto real de esta parte de mi cuerpo, no por vergüenza he de decir, sino porque el verla no les haría comprender de lo que hablo y además… creo que sería muy caro hacerlo, sin embargo con lo que verán ahora se pueden dar una idea de quién estoy hablando:
Esa parte del cuerpo, esa, aparentemente “no relacionada” con el verte delgado o gordo, ESA parte en mí al parecer… está más GORDA que nunca.
Amo leer sus historias de éxito, me emociona sobremanera ver las fotos que reflejan el fruto de su éxito y por esa confianza que me tuvieron, por esa que nos unió en un principio, es que hoy quiero compartirles esto y espero que a ustedes NO LES PASE NUNCA.
Mi cerebro sigue gordo. Mi memoria y autoestima al parecer no han seguido del todo el ritmo de mi cuerpo y eso, para llevar una vida sana, es un riesgo tanto o más peligroso que la grasa localizada en el abdomen.
NO COMETAN ESTE GRAN ERROR. Por alguna razón ahora mi lucha más grande es con esa parte de mi cuerpo, esa que, aún cuando toda mi ropa ha cambiado, no ha logrado que cambie mi manera de actuar ante situaciones. Yo no sé por qué, si SÉ que he sido capaz de cosas importantes, GRANDES, de haber llegado a miles de personas para compartirlo y que ahora sean un grupo de personas persiguiendo esa misma meta, sigo permitiendo que gente y situaciones externas me minimicen, que no me den el valor que SÉ que tengo. No entiendo porqué mi memoria emocional se quedó estacionada en la obesidad, por qué al parecer insisto en buscar la manera de agradarle a personas que se dan el lujo de no darme mi lugar como alguien valioso, como alguien que logra lo que se propone.
No hay dietas para eso, ese es un trabajo aparte y tan importante como el nutricional y el que implica ejercicio físico. Es un trabajo que implica otro tipo de voluntad y de madurez, uno que REALMENTE hará que tu vida sea plena.
¡NO PERMITAS QUE ESTO TE PASE! Nadie tiene derecho a hacerte menos, a no respetarte, a darte migajas de su atención o tiempo, a usarte y jugar con tu valor ¡NO IMPORTA CUÁNTO PESES PARA ESO!, no importa si es alguien lejano o CERCANO a ti…
Nadie puede hacerte daño a menos que TÚ lo permitas.
Yo he cometido muchos errores a este nivel y hoy me confieso con ustedes para decirles que es mi gran lucha actual: Mi cerebro, mi autoestima. Me he decepcionado de personas en este camino, muchas me han mostrado su verdadera esencia al tratarme de una u otra forma, ya sea relacionado o no directamente con mi peso.
Mi gran problema ya no es que me quede un pantalón o “verme bien” con un vestido; mi gran problema HOY es quitarme TODO EL PESO MENTAL que por alguna razón hace que permita que la gente no me trate con el respeto y cariño que merezco, ese ENORME PESO que provoca que actúe de manera errática y le dé TODO y más de mí a otros, en vez de darme más de ese cariño, tiempo y detalles A MÍ MISMA.
Amigos, lectores… sin importar su tipo de cuerpo, sin importar si les sobran 3 o 30 kilos… NO OLVIDEN QUITARSE EL PESO EXTRA DEL CEREBRO (si es que reconocen tenerlo), no cometan el error de no fortalecer esa parte tan importante de su ser y sobre todo: NO PERMITAN QUE NADIE LOS HAGA VERSE DIFERENTES A LO QUE SON, ya sea que lo hagan intencionalmente o no.
Los admiro y quiero. Ya les contaré de mi nueva rutina de ejercicio.
Acela.





